De dónde partía el taller
El encargo llegó de un taller que trabaja en tandas chicas: tazas, platos hondos y jarras que salen de a pocas unidades por hornada. Venden en ferias del fin de semana y por encargo directo, así que la marca tenía que funcionar tanto en una etiqueta pegada a mano como en una foto de celular subida a redes. La dueña venía de usar un sello improvisado y un nombre escrito con marcador sobre cinta de papel. Quería algo que se sintiera hecho a mano, pero sin caer en el típico recurso artesanal de tipografía script y motivos florales.